Antes de ser descubierta por el español Alonso de Ojeda en el año 1499, Curaçao estaba habitada originariamente por los amerindios arawaks.
En 1634, mucho tiempo después que los españoles abandonaran Curaçao, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales reclamó la isla. Así fue como en 1642 Peter Stuyvesant se instaló como gobernador. Curaçao pronto se convirtió en centro comercial holandés y allí se desarrolló un intenso mercado de esclavos. Durante ese período, la lengua local, el papiamento –mezcla de portugués, español, holandés y dialectos africanos practicado por los esclavos– se consolidó como el principal instrumento de comunicación. Peter Stuyvesant abandonó Curacao en 1647 para desempeñarse como gobernador de Nueva Amsterdam, ciudad que más tarde se transformaría en Nueva York.
Poco tiempo después, familias judías provenientes de Holanda y otros lugares de Europa y Asia se establecieron en Curaçao. En las primeras décadas del siglo XVIII esta comunidad ya contaba con más de 2000 integrantes. En 1732 se funda la Sinagoga Mikye Israel-Emanuel en Willemstad, la sinagoga más antigua que todavía funciona como tal del hemisferio occidental.
Con el descubrimiento de petróleo en 1914, en el lago Maracaibo en Venezuela, la Compañía Petrolera Caribeña decide construir una refinería en Curaçao. Esta inicia sus operaciones en mayo de 1918. Las 440 hectáreas de refinería en Schottegat fueron más tarde adquiridas por la Shell Curacao N.V. Esta empresa llegó a emplear a más de 25.000 personas de distintas partes del mundo.
El origen del nombre: Hay diferentes teorías para explicar los orígenes de la palabra Curaçao (se pronuncia "kyur uh sow"). La explicación más probable es que los españoles nombraron a la isla como “Corazón”. Luego, los famosos cartógrafos portugueses adaptaron esta palabra a su propio idioma: "Curaçau" o "Curaçao". Actualmente, en la región, la isla se conoce como "Dushi Korsou" (Dulce Curaçao).
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Curacao 2010
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